sábado, 21 de octubre de 2017
El Coto Wagner: ruta de FE

El Coto Wagner: ruta de FE

Las minas de hierro del Coto Wagner se encuentran muy cerca de Ponferrada en las inmediaciones del pueblo de Onamio. Una de las explotaciones de Hierro más importantes del noroeste español e inspiración de Julio Lazúrtegui para convertir a Ponferrada en “La nueva Vizcaya”.

El Coto Wagner

Las minas de hierro del Coto Wagner comenzaron su actividad a mediados del siglo XX de la mano de la Minero Siderúrgica de Ponferrada – MSP. En el año 1946 comenzaron los preparativos y en el 48 se inició perforación.

El mineral de hierro, principalmente magnetita y siderita, se transportaba mediante un teleférico de baldes hasta la cercana localidad de San Miguel de las Dueñas, donde se cargaba en trenes que lo llevaban al puerto de Vigo.

Durante los años 50 y 60 el mineral se exportaba a Alemania, siendo a partir de los 70 cuando Ensidesa comenzó a hacerse con parte de la producción hasta llegar a ser el único cliente de la explotación.

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En el año 82 y tras unos años de crisis y cierres debido a la competencia de explotaciones en el extranjero, se cerro definitivamente la mina del Coto Wagner quedando yo los vestigios de lo que fue pan y vida de cerca de un millar de trabajadores.

Anterior a la explotación por parte de la MSP, se extraía el mineral que afloraba en el terreno y se fundía en la fragua de la Herrería de Compludo.

La Ruta

  • Dificultad: Baja – Media
  • Longitud (Dos Variantes): 12 – 17 Km.
  • Tiempo: 3 – 5 horas
  • Desnivel: hasta 274 metros

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Puntos de Interés

  • Hundimientos y sección mina
  • Mirador al Bierzo
  • Explotación a cielo abierto
  • Lavadero del mineral
  • Horno
  • Teleférico de baldes
  • Molino de Agua

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La ruta desde Onamio comienza en una pista que circula paralela a la margen derecha de la carretera a Paradasolana. En los primeros kilómetros nos encontramos con la flora autóctona intercalada con replantaciones de pinos. La senda sigue lo que fueron las galerías de la mina, pudiendo distinguir perfectamente en algunas zonas las cámaras de explotación y las vetas de mineral de hierro. Desde el pueblo de Onamio se vislumbran perfectamente los hundimientos de la mina a modo de gigantes hoyos de golf en el paisaje.

El camino asciende suavemente durante seis kilómetros hasta llegar a la altura de Paradasolana, un pequeño pueblo con dos barrios bien diferenciados, Abesedo o el barrio de abajo y La Solana o el barrio de arriba. Al final de este ascenso nos encontramos con una escombrera a la que podemos subir para contemplar lo que fue la zona de explotación a cielo abierto.

Una vez giramos, comienza una bajada desde la que podemos contemplar un impresionante tajo en el monte, y a su pie se observan los pasos que había entre cámara y cámara de explotación.

A unos 200 metros y en el margen izquierdo del camino existe un pozo donde se descargaba el mineral del cielo abierto para transportarlo en vagoneta bajo tierra hasta la zona del lavadero. Recomendamos tener sumo cuidado ya que el pozo está sin vallar y es muy peligroso.

Entre escobas blancas y amarillas, lavanda y tomillo, seguimos el camino que desemboca en la carretera cerca de Paradasolana teniendo dos opciones, hacia la izquierda la RUTA CORTA y hacia la derecha la RUTA LARGA.

RUTA CORTA: volviendo hacia Onamio por la carretera tendremos la oportunidad de ver de cerca el edificio donde se encontraban las oficinas, vestuarios de los trabajadores y botiquín. Un poco más adelante llegamos al lavadero.

RUTA LARGA: la segunda opción, solo apta para aventureros es seguir la carretera hacia Paradasolana pudiendo así visitar sus dos barrios. Una vez en el barrio de arriba se puede continuar por un camino que sale hacia el monte. Este camino que lleva por la ladera del monte hasta el rio se encuentra sin despejar, y al cruzar el rio no disponemos de ningún paso, con lo cual toca mojarse los pies. Una vez pasado el río subimos hacia la escombrera de mineral de hierro que nos llevará hasta el lavadero. Un camino difícil pero divertido en el que pasaremos del monte bajo a las frondosas y selváticas orillas del Río Castrillo, y de ahí a la árida escombrera que se asemeja a un desierto.

Como veis, al final ambos caminos desembocan en el lavadero, o lo que queda de el. Una impresionante estructura donde se lavaba y seleccionaba el mineral para enviarlo posteriormente al horno de desulfurización antes de cargarlo en los baldes que discurrían por el teleférico camino al cargadero de San Miguel de las Dueñas.

De vuelta el camino nos lleva otra vez a Onamio finalizando así esta ruta circular.